Para cualquiera que esté considerando hacer esta inmersión, la principal razón para ir es el paisaje de los alrededores de la península de Bodrum. Incluso a principios de febrero, el agua estaba muy clara y los degradados de color, desde el turquesa claro cerca del barco hasta el azul profundo más lejos, eran impresionantes. Nuestro pequeño grupo de amigos pasó mucho tiempo simplemente apoyado en la barandilla, contemplando la costa rocosa y las pequeñas calas que iban apareciendo. Los instructores dieron una buena charla de seguridad en un inglés claro y el equipo parecía estar bien mantenido. La visibilidad bajo el agua era buena, con zonas de praderas marinas, rocas y pequeños bancos de peces pasando a nuestro alrededor. El almuerzo en el barco estuvo bien, aunque no fue nada especial, y hubo que esperar un poco entre las inmersiones mientras entraban otros grupos. Aun así, la tranquila luz invernal, las bahías silenciosas y la buena organización en general hicieron que el día mereciera mucho la pena.