Al recordar aquel día, lo primero que me viene a la mente es que el ritmo se sentía muy natural: nunca apresurado, pero tampoco rara vez inactivo. Ir en el jeep descapotable por los pinares resultaba fresco y ventoso con el aire primaveral, así que una chaqueta ligera fue realmente útil entre los tramos más soleados. Nuestro grupo tenía edades variadas, y el guía logró mantenernos a todos juntos sin tener que apresurarnos constantemente. En la cascada de Turgut tuvimos tiempo suficiente para sentarnos en una roca, escuchar el agua y no limitarnos a tomar fotos y marcharnos. Caminar por la playa de Jesús fue casi como una procesión lenta; la gente se reía mientras el agua apenas les llegaba a las rodillas. El único pequeño inconveniente fue tener que esperar un poco mientras los jeeps se alineaban antes de salir de algunas paradas, pero eso nos dio tiempo para conversar con otros miembros del grupo. El almuerzo fue sencillo pero aceptable y, en general, todo el día tuvo un ritmo relajado que hizo fácil disfrutar de cada parada.