Caminar descalzos por las terrazas blancas de Pamukkale con nuestros dos hijos es el momento que sigue repitiéndose en mi mente días después. La luz primaveral hacía que las piscinas parecieran casi irreales, y a los niños les encantó sentir el agua templada corriéndoles por los tobillos mientras contemplábamos el valle. El paseo guiado por el antiguo teatro de Hierápolis fue un buen añadido; nuestro guía utilizó pequeñas historias para que los niños pudieran imaginar cómo era la vida allí, algo que aprecié mucho. El trayecto desde Marmaris fue un poco largo y el autocar iba bastante lleno, pero el desayuno para llevar y las paradas frecuentes lo hicieron llevadero. En general, fue una jornada primaveral tranquila y memorable lejos de la playa, y las fotos de las terrazas de travertino ya están en la pared de nuestro salón.