Esperaba un paseo en barco bastante normal, pero fueron los pequeños detalles los que lo hicieron especial. La recogida en el hotel fue puntual y el trayecto hasta el puerto se hizo en un minibús agradablemente fresco, lo que creó un ambiente relajado desde el principio. En el agua, la parada de dos horas cerca de la isla de Orak fue preciosa, pero lo que más recuerdo es estar apoyado en la barandilla con mi amigo, viendo cómo pequeños peces plateados se reunían junto a la escalera cada vez que alguien se lanzaba al agua. La tripulación estuvo atenta sin resultar insistente, y había suficientes zonas con sombra en la cubierta superior para resguardarse del sol primaveral. El almuerzo fue bastante sencillo, pero fresco, y había una opción vegetariana decente para mi amigo. El único inconveniente menor fue que se formó algo de cola para usar las duchas después de la última parada para nadar, pero no afectó realmente al día. En general, fue una forma tranquila y bien organizada de pasar un día junto al mar.